Servicio y misión: fuente de tranquilidad en la pandemia

Entre el 2001 – 2004, Gaby Hernández, de Washington DC, conoció Schoenstatt como una chica joven de padres inmigrantes. Para ese entonces, su mamá, Francisca Zelaya, era misionera. Ahora, en sus años como madre adulta, Gaby también es misionera de la Virgen Peregrina de Schoenstatt. Cuando le pedimos que compartiera un poco de su labor nos dijo lo siguiente.

¡Buenos días! Sí, cuando llevaba la imagen a las familias antes de la pandemia rezábamos el rosario. Ahora entrego la imagen, hacemos la oración de bienvenida, y pregunto si me permiten entregarles la imagen y hacer las oraciones en la entrada de la casa por la seguridad de todos. Les pido de favor que llevemos puestas nuestras mascarillas. Luego, desinfecto la imagen después que la recojo. Siempre les pido de favor si se toman una fotografía. Ellos se toman la foto en familia y luego me la envían.

Quisiera compartir con ustedes algo que sucedió esta semana.

Entre las familias, hay un grupo que ayuda a otras familias. Cada semana le llevan comida a otras familias menos afortunadas. Esto lo hacen desde que inició la pandemia. En ese grupo hay varias personas de mi parroquia que trabajan muchísimo para ayudar a estas familias. En ese grupo está Sister Judith, quien es mi guía espiritual ya por mucho tiempo. Ella conoce muy bien mi misión con la Virgencita. Ella me pidió que trabaje en esta organización que se llama “Amigos vicentinos en la Periferia”.  Esta semana supe que este grupo ya es legalmente oficial una organización y tienen 150 familias a las que semana tras semana ayudan. Me han permitido llevar nuestra Virgencita a 150 familias, visitarlas, y permitirle a la Mater dejar sus gracias allí donde la necesitan. Ayer comencé visitando la primera familia.

Esto es algo que me da mucha felicidad. La Virgencita siempre me sorprende porque cuando siento que no estoy logrando mucho, es decir, que más familias la conozcan, ella me da estas sorpresas. Me parece que es ella diciéndome: “¡Tranquila, nada sin mi, nada sin nosotros!”

Además de esta labor, también soy catequista de mi parroquia y desde el año pasado, nuestro párroco me ha dado permiso para peregrinar a la Mater entre las familias de mis niños de la catequesis. El año pasado ella visitó 28 familias; este año tengo 23. Todas las familias la reciben con mucha devoción, sobre todo tomando todas las medidas de precaución posible.