¡No temas, proclama el amor del Padre! – Letter from Father Marcelo Aravena

En 1 Jn 4,18 leemos estas palabras alentadoras: “No hay temor en el amor, porque el amor perfecto echa fuera todo temor”. ¡Necesitamos el cumplimiento de esa promesa hoy!

En Hacia el Padre, versículo 628, encontramos una de mis oraciones favoritas, Providentia Divina. Dice: “Tú conoces el camino para mí, tú conoces el momento. En tus manos pongo confiadamente el mío. Tu plan es perfecto, nacido del amor perfecto. Tú conoces el camino para mí. Eso es suficiente”.

En medio de las situaciones de miedo a las que nos enfrentamos hoy en día, se nos plantean dos opciones. O bien podemos sentirnos abrumados por una sensación de fatalidad y miedo, como ocurrió una vez de forma inesperada y trágica, o bien podemos darnos cuenta de que, con nuestra fe en la ayuda de Dios -como Padre amoroso- y ayudándonos unos a otros, podemos seguir adelante. ¡Tomemos la segunda opción!

Según Jn 20,19, encontramos a los discípulos, después de Pascua, escondidos tras puertas cerradas. “Atardecía aquel día, el primero de la semana, y las puertas de la casa donde se habían reunido los discípulos estaban cerradas por miedo a los judíos…” Ahí es donde vivimos, ¿no? No en Jerusalén y no por miedo a los judíos, aunque ese miedo irracional no haya desaparecido del todo. La mayoría de nosotros tenemos miedo de algo. ¿Verdad que sí? El miedo no es nuevo para la mayoría de nosotros. Y, creo que era así para ellos como lo es para nosotros ahora. El miedo, parecía entonces más fuerte que su fe. Y también nos pasa a nosotros.

Jesús nos promete lo que dio a [to the apostles]: Su paz, su presencia, su espíritu, su misericordia y su amor. Y cuando confiamos en estos dones, podemos rezar una y otra vez: “Tú conoces el camino para mí, tú conoces el momento. En tus manos pongo confiadamente el mío. Tu plan es perfecto, nacido del amor perfecto. Tú conoces el camino para mí. Eso es suficiente”.

El problema es que, en nuestra vida ordinaria, cotidiana, no dominical, como los discípulos, lo olvidamos. ¡Nuestro miedo parece más fuerte que nuestra fe! Encerrados en nuestro miedo, tenemos miedo de actuar y miedo de soñar, tanto que renunciamos a la esperanza: ¡desmayo! Podemos decir que si permitimos que el miedo nos venza no estamos encarnando una de las actitudes más maravillosas y reveladoras de María, que permaneció valientemente bajo la cruz de su Hijo. La actitud mariana de fidelidad, perseverancia y creencia en la promesa divina de paz, alegría y vida eterna nos ayudará sin duda a superar todo temor.

Dios no nos creó para vivir con miedo. Pero en su amor y misericordia, ¡fuimos creados para ser libres y gozosos!

El miedo es la barrera que nos impide tener una fe que cambie nuestras vidas, nuestros matrimonios, nuestras relaciones ¡e incluso nuestro futuro como Iglesia! El miedo no es nuestra única opción. Podemos elegir la fe, que es más fuerte que el miedo. Podemos elegir el amor, que es más fuerte que la cobardía. Podemos elegir una vida en la fuerza de la Alianza, que es mucho más fuerte que la ansiedad y el miedo.

El miedo aprisiona, la fe libera. El miedo paraliza, la fe capacita. El miedo desanima, la fe anima. El miedo nos enferma, la fe nos cura. El miedo nos hace inútiles, la fe nos hace fiables. El miedo pone la desesperanza en el corazón de la vida, la fe se regocija en Dios.

A eso se refería Juan en su carta cuando, mucho después de la Resurrección y mucho después de Pentecostés, escribió las poderosas palabras “No hay temor en el amor, pues el amor perfecto expulsa todo temor” (1Jn 4,18).

¿Y si elegimos creer en eso? ¿Y si nos tomáramos a pecho la palabra de Dios? ¿Y si, independientemente de los miedos a los que nos enfrentáramos, pudiéramos seguir oyendo a Dios susurrar: “Yo estoy contigo. ¡Puedes hacerlo! No te rindas”. ¿Y si nos atreviéramos a creer y confiar en la sencilla oración “Tú conoces el camino para mí, tú conoces el momento. En tus manos pongo confiadamente el mío. Tu plan es perfecto, nacido del amor perfecto. Tú conoces el camino para mí. ¿Es suficiente?

Dejando atrás todos los miedos, ¡descubramos en este tiempo de Pascua el poder del amor de Dios en nuestras vidas!

¡Feliz y bendita Pascua a todos!

Padre Marcelo Aravena